Nuestra

Historia

Las consideraciones de un importante texto en el que el Hno. Eliseo Zúñiga Murillo explora la historia de las misiones evangélicas implantadas en Bolivia desde principios del siglo XX hasta aproximadamente el año 2020, nos sirven de manera oportuna para establecer el marco histórico-contextual del tema a tratar. «Cuando Bolivia nació a la vida republicana [1825], estaba bajo la tremenda influencia de la iglesia romana. Aunque Bolívar en su ―Proyecto de Constitución para la República Boliviana‖, proclamaba la ―libertad de consciencia‖, afirmando que el estado no puede regir la conciencia de los súbditos, ni dar el premio y el castigo, porque Dios es el único poder‖. Lamentablemente, esta propuesta no se llevó a la práctica […]».1 De otro lado, es necesario tomar en cuenta que las décadas de inicio del siglo XX estuvieron marcadas por un conflicto interregional que ponía en peligro la integridad de nuestra nación, esto es, la llamada Guerra Federal, problema que a la postre terminó afectando la capitalía de la ciudad de Sucre en favor de La Paz que desde entonces detentó de la cualidad de Sede gubernamental. Dado que la característica principal de dicho conflicto fue la veleidad de las posiciones apoyando a uno de los bandos hoy, y cambiando al contrario mañana –como los indígenas aymaras a la cabeza de Pablo Zárate Willka– los núcleos del poder político y civil estaban lejos de establecer una posición definida respecto a las iglesias (mas no credos), sea esta católico-romana o las evangélicas recién llegadas. En todo esto, huelga decir que la posición indígena era de un categórico rechazo a las religiones occidentales. El Temible Willka –sobrenombre ganado con creces por dicho líder– con sabia prudencia ocultaba pues el ideal restitucionista de la tenencia de la tierra ancestral. Ahora bien, situándonos en el núcleo específico de nuestro abordaje histórico local, el mismo autor nos ayuda a precisar el contexto que determina la trayectoria de la Iglesia Cristiana Evangélica de calle Chuquisaca Nº 320. «El español Diego de Zenteno, después de enterarse que el Cerro «Sumaj Orko» contenía Plata, fundó la ciudad de Potosí el 1 de abril de 1546. La noticia de que el cerro contenía mucha riqueza, motivó a mucha gente a trasladarse a Potosí. Desde entonces fue explotado el precioso metal por varios siglos. Recientemente [1989], la ciudad fue declarada «Patrimonio de la humanidad». «En el año 1917, la Obra del Señor en Bolivia experimenta una gran expansión, pues los siervos de Dios trabajan en un clima de relativa tranquilidad. Ya se ha invertido bastante tiempo, esfuerzo, y trabajo en Sucre, y ha llegado el tiempo de dirigir la mirada a otra ciudad importante como Potosí […]».2

[…] Es para mí dificultoso el hablar de historia, porque no tengo toda la metodología necesaria para estudiar historia, para registrar hechos históricos… Me resulta más cómodo meditar y estudiar… Pero vamos a intentar, hermanos, darle un cierto rumbo a todo lo que vamos a decir. Tengo aquí en mi poder una hojita que la ha escrito el Dr. Percybal Hamilton. Él ha sido misionero por muchos años aquí en Potosí, si podemos decir así, en esta Iglesia. Esa vez, no estaba todavía aquí en la calle Chuquisaca, estaba en la calle Junín. Pero él ha sido uno de los que ha empezado, digamos, esta obra. [Él] ya era cristiano, estaba en la Argentina, en Córdova. Y el Señor permitió que lo visitáramos con mi esposa, y le pedí que pudiese hacer, por favor, poner por escrito, registrarlo, cómo fueron los comienzos de la obra aquí en Potosí. Y tuvo la gentileza de enviarme por correo, esto que acabo de mostrarles. Ahora lo que vamos a hacer es leer esto y explicar un poco. Vamos a ir después haciendo algunas reflexiones. Dice el título de este pequeño artículo: «Comienzos de la Obra Evangélica en la Ciudad de Potosí, Bolivia», y entre paréntesis (Breve reseña); y eso es lo que es, una ―breve reseña‖. Ahora, dice acá el doctor: «Conviene en primer lugar, tener presente, de que Potosí había sido visitado por Don Roberto Rowdon, misionero que vino (de Inglaterra) y se radicó en Sucre. En una o más ocasiones, él distribuyó folletos y tuvo reuniones al aire libre, pero no llegó a iniciarse ningún testimonio. Aquí el Dr. Hamilton, que es el autor de este artículo, es muy honesto al decir que la ciudad de Potosí ya había sido visitada antes de 1917 por Don Roberto Rowdon, que era un misionero inglés que vino a establecerse en Sucre. Pero vino acá a Potosí, repartió folletos, predicó al aire libre, pero no se estableció ninguna obra concreta, una iglesia. Él continúa y dice: «A fines del año 1917, el Dr. Jorge Hamilton… Ahora, ¿quién es el Dr. Jorge Hamilton? Mi suegro era Anciano de esta iglesia, era discípulo del Dr. Hamilton, pero de Percybal Hamilton. Percybal era el hijo, su papá se llamaba Jorge Hamilton que también era médico. Entonces, hablando del papá, del misionero que trabajaba acá, él se había enterado que… en 1917, el Dr. Jorge Hamilton quien había sido usado por el Señor para iniciar la obra de las Asambleas en la ciudad de Sucre, decide hacer la voluntad del Seño, en vista de la presencia de los esposos Rowdon, su traslado juntamente con su familia desde la ciudad de Sucre hasta POTOSÍ. El testimonio en Sucre había sido comenzado en el año 1911. Así que la obra de Sucre tiene más antigüedad que la nuestra. Pero dice acá que A fines de 1917, el Dr. Jorge Hamilton… que radicaba en Sucre, y comenzó la obra en Sucre, entiende –en la voluntad del Señor– que se debe venir a Potosí, por cuanto los esposos Rowdon ya están establecidos en Sucre. Y estos hermanos que no eran malos mayordomos del tiempo, dice ―¿qué hacemos dos matrimonios acá? Ya está uno…‖. El Señor lo usa y dice ―yo me voy a ir a otro lado…‖. Y puso sus ojos en la ciudad de Potosí, y se vino con toda su familia a fines de 1917. «Luego de contratar el envío de sus pertenencias y muebles por medio de carretas –el medio de transporte por entonces disponible–, la familia hizo el viaje de tres días a lomo de mula, alojándose en un Hotel en Potosí; llegaron en un atardecer en medio de una intensa nevada. Cortas semanas después, el Señor facilitó la provisión de una casa sobre la calle Chuquisaca en alquiler, dos cuadras más arriba de la Oficina de Correos, la esquina sobre la mano derecha. Allí instaló el Dr. su modesto consultorio médico para el ejercicio den su profesión. El dueño se negó a conceder permiso para reuniones públicas de evangelización. Así que hermanos, ese viaje muy sacrificado desde Sucre, trasladando sus cosas en carretas… Y habían tardado tres días en llegar desde Sucre hasta Potosí. En ese entonces el único medio de transporte era las mulas, y tenían que venir a lomo de bestia y sus cositas en carretas. Y bueno, el asunto que también es especial que cuando llegaron, dice que llegaron en una tarde en medio de una intensa nevada. Yo creo que no es la mejor bienvenida para alguien que viene de Sucre, de un clima tan agradable. Venir por amor a la obra y encontrarse con una ciudad fría, totalmente nevada. Pero había convicción de misionero. Otra cosa no les ha movido a estos hombres; y sabían en quién creían, sabían qué tenían que hacer en obediencia al Señor. Entonces, es interesante que la primera casa que el Dr. Jorge Hamilton había conseguido para vivir con su familia e instalar su pequeño consultorio médico, queda justamente a dos cuadras de aquí: una, dos… Actualmente, en la esquina de este lado hay una licorería, me parece, no sé… Al frente de eso creo que era el consultorio del Dr. Jorge Hamilton. Seguimos con la lectura: «Corriendo ya el año 1918, cierto domingo, en dependencia del auxilio y la bendición del Señor, se procedió a la distribución del folleto ―Qué Creen Los Evangélicos‖. La distribución fue limitada a unas cuantas cuadras de la casa. Y el Dr. Percybal Hamilton, el hijo, dice: ―A mí me correspondió este privilegio‖. Dice: «El Señor hizo fructificar este esfuerzo inicial haciendo que uno de los ejemplares llegase a manos de dos operarios en la planta metalúrgica ―Velarde‖, distante aproximadamente a un kilómetro del centro de la ciudad. Fines de 1917, el Dr. Jorge Hamilton se traslada a Potosí; y seguramente su instalación estaba en un alojamiento hasta buscar una casa donde pueda hospedarse, instalar su consultorio y finalmente ya, principios de 1918, ya empezó su obra. Pero es interesante lo que dice: ―en dependencia del auxilio y la bendición del Señor‖. —Hermano, vamos a ir a evangelizar. No sé si puede comprar folletos… —Ah ya… [haciendo ademán de buscar dinero en sus bolsillos] Ellos invirtieron su vida; dejaron un ambiente magnífico en Sucre para venir; no les importaba a ellos lo material; ellos invirtieron su vida de modo que cuatro folletos no eran trabajo para ellos. Pero lo que era importante era depender del auxilio y bendición del Señor para que estos folletos repartidos puedan ser fructificados, puedan ser bendecidos por el Señor. No solamente han hecho una repartición indiscriminada como volantes: zas, zas, zas… [ademán de repartir] como en el Boulevard cuando encontramos una promoción para Tigo y otras cosas; al que pasa le alcanzan y listo. Estos hermanos oraban intensamente para tener el auxilio y la bendición del Señor cuando repartían tratados. Sabían que no era su obra, era la obra del Señor y ellos eran solamente instrumentos; y entonces oraban dependiendo del Señor, dependiendo del auxilio y de la bendición del Señor. Repartían folletos con una convicción, con un propósito, con una certeza. Y bueno, el testimonio es que el Señor fructificó su esfuerzo, y estos folletos llegaron, dice, a manos de dos operarios de Velarde. Bueno, seguimos, eso es el domingo. «La tarde del día siguiente –es decir, la tarde del día lunes– estos dos hombres… y entre paréntesis aclara que uno de ellos era Don Demetrio Dávila. Después vamos a aclarar quién era Don Demetrio Dávila; dice: «La tarde del día siguiente, estos dos hombres (uno de ellos Don Demetrio Dávila) caminaban las calles buscando localizar la procedencia de ese folleto. ¿De dónde ha venido ese folleto? ¿De dónde habrá salido? Y buscaban el lugar de dónde había procedido ese folleto. Caminaban las calles, el bule…, qué sé yo, a la Chuquisaca, de un lado a otro buscando de dónde procedió ese folleto. «Finalmente llamaron a la puerta de la casa de la calle Chuquisaca, siendo atendidos por el propio Dr. Hamilton. Respondiendo a sus preguntas, éste les explicó que efectivamente el folleto procedió de esa casa. Ante el requerimiento respecto al horario de reuniones, les fue explicado que, en razón de no tener permiso del dueño de la casa para reuniones públicas, éstas se celebrarían privadamente, las noches de los días Miércoles, Viernes y Domingo, en nuestro comedor. Se les invitó a concurrir ya solos o acompañados de algún amigo. Dice la Escritura que el que conoce a Cristo ya no vive para sí sino para Aquel que murió y resucitó por ellos. El apóstol Pablo en forma concreta dice ―Ya no vivo yo, Cristo vive en mí… para mí el vivir es Cristo‖. (Rom. 14, 7 ss) Y esa experiencia de Pablo fue también la experiencia de estos misioneros. Yo personalmente, no quisiera que me molesten en el rincón de mi casa, mi comedorcito. Pero para este Dr. Hamilton no era su comedor. Él vino a Potosí para predicar el Evangelio; repartió unos folletos, el Señor fructificó, y los que recibieron los folletos llegaron preguntando ¿de dónde ha venido este folleto…? —Señor, ¿ha venido de acá este folleto? —Sí, de aquí. Pase. —¿Cuándo son sus reuniones? —No tenemos reuniones públicas porque no estamos autorizados por el dueño. Pero lo vamos a hacer en nuestro comedor… No hay problema. Qué comodidad… lo vamos a hacer en nuestro comedor privadamente. Entonces, todo estaba al servicio del Señor, las personas, ellos mismos, la casa que estaba alquilada, sus muebles; porque ellos estaban totalmente conscientes de que no viven para sí, y que están aquí para ser embajadores de Cristo y predicar el Evangelio. Tremendo ejemplo. Vamos: «Ante este obligado comienzo, el Dr. H. procuró la ayuda del Hno. Rowdon (en Sucre) para la provisión de algunos bancos con los cuales rodear la mesa del comedor. Así que, parece que venían como cuarenta que se reunieron. Necesitaban bancos. No sé si el Hno. Rowdon les mandó los bancos, o le mandó dinero para que haga hacer unos bancos. Lo cierto es que por medio del Hno. Roberto Rowdon, que estaba radicado en Sucre, lograron hacerse de unas bancas para rodear el comedorcito y hacer las reuniones en un inicio prácticamente obligadas. Dice: «Para fines del año 1918… Comenzaron a repartir el folleto a principios del año 1918, y para fines de 1918 … la concurrencia de cuarenta varones hizo necesaria la provisión de mejor comodidad. A fines del año ya eran 40. En esta última temporada, más de 20 años, no aumentamos ni un miembro en la Iglesia; no logramos evangelizar aún. Me preocupa y me pone a pensar: si hubiéramos tenido que crecer a ese ritmo, ¿cuántos tuviéramos que ser ya? Ya muchas iglesias llenas, llenas, llenas tendrían que haber. Obviamente algo está fallando en nosotros. Dice después: «El Señor posibilitó alquilar una casa… que según lo que dice acá, es la del Dr. Aramayo. Nunca lo he conocido …sobre la calle Hoyos, escasos metros más arriba de la iglesia La Merced (creo que ese sigue siendo su nombre)… Alguna vez yo fui a caminar, a identificar esta casa. Hay una casa; y me parece que esa sí es la casita donde se celebraban las primeras reuniones públicas de este grupo de hermanos. Dice: «… con permiso para reuniones públicas. Allí continuó el testimonio hasta el año 1921/22. El primer bautismo tuvo lugar en enero de 1921… A un año de simplemente empezar a repartir folletos, ya estaban habiendo bautizados. ¿Por qué? ¿Por qué es eso? Hermanos, simple y llanamente porque este misionero Jorge Hamilton estaba cumpliendo lo que dice la Escritura. ¿Qué dice la Escritura en Mateo 28, 19? ―Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo‖. Yo estaba teniendo problemas porque ha habido muchos jovencitos y jovencitas que han dicho en esta reunión que quieren bautizarse. Y comienzo a temblar cuando se trata de jovencitos porque bien pronto después se apartan, porque no han… Pero digo, ¿qué dice la Biblia? Dice: ―id, y haced discípulos… bautizándoles…‖. Entonces, el trabajo no es simplemente lograr que reciban al Señor. La obra consiste en trabajar con el nuevo convertido: protegiéndole, enseñándole, cuidándole, preocupándonos por él hasta que sea discípulo de Cristo. ¿Y qué es un discípulo? Es un servidor de Cristo, que tiene totalmente claro ―qué es ser seguidor de Cristo‖. Y en eso los hermanos mayores tenemos que trabajar, así, trabajar con el nuevo convertido hasta que sea discípulo; y entonces, sí le podemos bautizar sin desconfianza: ―Id, y haced discípulos‖ (1) ―Bautizándoles‖ (2) ―Enseñándoles‖ (3) El proceso no termina. Y creo que este doctor hizo un discipulado eficiente, de modo que al año de empezar a repartir folletos, ya estaban bautizando. Y no estaban bautizando cualquier tipo de personas. Estaban bautizando creyentes de convicción. Su autoridad era la Escritura. Me impresiona cómo estos hermanos han trabajado. Entonces, «El primer bautizo tuvo lugar en enero de 1921, cuando varios creyentes varones –entre ellos Don Demetrio Dávila y el hijo (Norman) del Dr. H.– obedecieron al Señor en esas aguas, en un estanque de una propiedad sobre la calle La Paz. ¿De quién se habrán prestado el estanque? No sé. —Préstenos su estanquito, señor… —Yaaa… Bautizados. Si puedo usar el término: la ―mística‖ era obedecer al Señor: Hacer las cosas en obediencia al Señor. No importa dónde sea el estanque. Había que cumplir lo que manda la Escritura: Ya fueron hechos discípulos, había que bautizarlos en estricta obediencia a la Palabra del Señor, con esa convicción. ¿Qué más dice? Volvamos a leer: «El primer bautizo tuvo lugar en enero de 1921, cuando varios creyentes varones –entre ellos Don Demetrio Dávila y el hijo (Norman) del Dr. H.– obedecieron al Señor en esas aguas, en un estanque de una propiedad sobre la calle La Paz. Se constituyó entonces la Iglesia del Señor en Potosí. Así nació la Iglesia de la calle Chuquisaca: cuando en enero de 1921 se realizaron los primeros bautismos. Entonces, habiendo hermanos bautizados, ¿qué tenían que hacer? Tenían que celebrar la Cena del Señor. Y habiéndose celebrado la Cena del Señor, ¿qué estaba pasando? Estaba naciendo una Iglesia. ¿Cómo no vamos a dar gracias a Dios por estos siervos que dejando su patria y su familia han venido aquí para decirnos que hay salvación en Cristo? No podemos quedar indiferentes. Tenemos que agradecer al Señor por esta bendición de que trajo misioneros para que nos comuniquen que hay salvación en Cristo. Y así sucedió. Luego dice: «En 1922 se trasladó el Dr. H. a Santa Cruz. «Diversas circunstancias motivaron el traslado del testimonio a otros locales, hasta terminar en la calle Junín. El Dr. Hamilton salió de Potosí en el año 1962 en forma definitiva, y se fue a la Argentina. Cuando el Dr. Hamilton salió, el local estaba en la calle Junín. Entonces, ahí lo dejó el doctor. Después ya, ese local era en anticrético, se compró este local ya en propiedad; y luego se trasladó acá, a la Chuquisaca. Pero dice el doctor: «Diversas circunstancias motivaron el traslado del testimonio a otros locales, hasta terminar en la calle Junín. El resto de la historia es de Vds. conocida. Es nuestra oración que continúe prosperada por el Señor hasta Su Venida. P.J.W.H.» Brevísima la reseña. Pero yo no conozco el resto de la historia. Aquí dice el doctor ―el resto de la historia es de ustedes conocida‖; yo no conozco, porque el doctor salió de acá, de Potosí en 1962, y yo llegué en 1970…; 68, poco tiempo cuando vine, unas semanas pero esas veces no asistí a la iglesia, yo no era salvo. Cuando comencé a asistir en noviembre del 72. Entonces, del 62 al 72 son diez años. Y yo no conozco esa historia. Sin embargo, se pueden también tomar algunos datos que son digamos correctos, y que tienen también su lugar en la historia de esta Iglesia. Bueno, ahí terminamos la historia de la calle Chuquisaca. Pero el que más trabajó en esta iglesia fue el Dr. Percybal Hamilton. Ha quedado mucho tiempo acá en Potosí, haciendo obra. Y al igual que su padre no se ha quedado tranquilo estando acá en Potosí. Él ha tenido la visión de ir a Pacasi; y en Pacasi ha dejado una casa y un local, en una propiedad que él compró. Según me cuenta mi suegro, me contaba dice: ―Hermano, sólo con la ayuda de Dios hemos podido hacer esto, en Pacasi‖; o sea, costó sudor y, podemos decir costó sudor y lágrimas, gran trabajo, que los de Pacasi no saben. Vienen los del pueblo como siempre, y quieren abusar al cristianismo: agarran y le parten la propiedad en dos… ¿Por qué? So pretexto de que están abriendo una calle. Los hermanos de Pacasi que no saben realmente cuanto le ha costado… Aunque estaba mucho tiempo con el doctor ahí en Pacasi, pero no sabían cómo estaba el bolsillo del Dr. Hamilton. Agarra y viene una persona de la comunidad… Sí, sí hay que dar. Y uno de los miembros va, el principal promotor para que se enajene la propiedad es que no les ha costado a ellos. Bueno, sumisión. Lastimosamente esa obra no ha prosperado y se va languideciendo, y languideciendo y languideciendo; y no hay crecimiento de iglesia, tal vez con el poco tiempo llegue eso a perderse. Ojalá que no. Pero también tuvo su visión en Tinguipaya. Viajaba a Tinguipaya y tenía una obrita de Escuela Dominical en Tinguipaya llevaba cada fin de año lo que hacía aquí en la E.D., con los premios, sus bolsitas de pastillas, galletas, etc. Se fue el doctor, nadie más ha visitado Tinguipaya. Pero quedó… hay un creyente… —¿Te acuerdas qué apellida, Goya? [dirigiéndose a su esposa] —Vera… Vera, un viejito… Vera. Yo le conozco a su hijo. Es un operador de máquina, creo que está jubilado ya… El papá de ése se convirtió con el Dr. Hamilton. Pero nosotros no hemos ido a Tinguipaya a continuar la obra, listo; pero quedó ahí un verdadero creyente, un salvo de verdad, no un religioso, sino uno que fue salvo de verdad; que llegó a tener convicción de que necesitaba a Cristo como su salvador personal. Y no fuimos. Años más tarde llegan a Potosí los Luteranos, y ellos como tienen todos los medios, tienen su obra apoyados por los noruegos, van a Tinguipaya. Supuestamente quieren dar testimonio pero ya había un creyente que evangelizó el Dr. Hamilton. Y, a falta de testimonio, el hermano se quedó con los luteranos. Y su hijo, a quien yo lo conozco, es también de los luteranos… ¿Qué nos faltó? La visión del Dr. Hamilton, y la obediencia que él tuvo a la comisión: ―id, y haced discípulos… bautizándoles… enseñándoles…‖; y este hermano Vera, creo que era bautizado; sino, sino estamos… Así que vio a Tinguipaya, vio a Pacasi, pero vio también a Toropalca. Ahora, yo he averiguado el origen de la obra en Toropalca. Según me cuenta un hermano dice: ―Yo he traído el Evangelio a Toropalca. En Argentina he conocido así, así, así‖. Y bueno seguramente que es así; yo no voy a poner en duda. Pero quien dio apoyo para enseñar la doctrina fue precisamente el Dr. Hamilton. Y viajaban con mi suegro, según me contaba él, en la camioneta que tenía el Dr. Hamilton, y era la forma en que el doctor le discipulaba a Don Fortunato Coila, que más tarde fue anciano de esta Iglesia, y por mucho tiempo fue un puntal en ésta. Todo eso era una obra de discipulado. Entonces, el Dr. Hamilton ha tenido esa visión: Tinguipaya, Pacasi, Toropalca y no sé qué otros más, no conozco más. Pero en la ciudad también tuvo visión; porque considerando las características de la ciudad, con alto porcentaje de personas de habla quechua, inició una obra, un testimonio, una iglesia en la calle Chayanta, en la casa que era del Hno. Julián Benítez, y la obra prosperó. Pero más tarde los dueños de casa dijeron ―tenemos que vender la casa, por favor desocupen‖… Y [los hermanos] no sabían qué hacer, dónde trasladarse. Y había un hermano, Don Juan Sosa, que tenía un terreno grande en la avenida Litoral, esquina Arce. Dijo: ―Vénganse a mi casa‖. Y estaba ahí. Y estaba ahí, construyó un localito el hermano en su lote, y eso era propiedad del Hno. Juan Sosa. Él vive todavía en Cochabamba, en la Tamborada, creo […]. Asiste al local del Kilómetro cero. Pero después el hermano fue fraccionando, y fraccionando su lote y el local quedó con una extensión bien pequeña. Y él vendió lo demás se fue a Cochabamba con su familia y su esposa ya fallecida. […] Entonces, así fue que surgió la Litoral. Tuvo su origen en la calle Chayanta, y era una obra de habla quechua, y ahora es la Iglesia de la calle Litoral. Y de la Litoral hubieron problemas, no conozco exactamente cuáles fueron los problemas, pero hubieron problemas. Y entonces ahí surgió una fragmentación; un grupo de hermanos se fueron a la Haití: el Hno. Tomás Mamani que ya está con el Señor, el Hno. Bernabé (Mamani, creo que es) los dos, y en grupo de hermanos se fueron a la Haití. Entonces, después de la Litoral, vino un tiempo a trabajar, el Hno. Miguel Delzer… Y comisionaron a un grupo de hermanos que vayan a la Antioquía, porque los de FH –que era una institución, una organización no-gubernamental–, donaron un terreno y… construyan una iglesia; y la Antioquía alistó el terreno y se pusieron a construir… Entonces, esa Antioquía es hija de la Litoral. Y bueno, está funcionando hasta ahora.4 Había otro testimonio en la calle Hernández, donde era la casa de mi suegro –mi señora… de mi suegro era… hemos ―mangueado‖ un tiempito en esa casa–. Bueno, ahí era un testimonio en esa casa; y venía el Dr. Hamilton, según me cuenta mi esposa, y hacían una especie de Hora Feliz, también con su esposa, se llamaba Doña Florencia y hacían la obra ahí. Pero después, no sé cuál fue la razón, ¿creo que fueron a la casa de Chumacero? [pregunta a su esposa] No. Fueron a la plaza El Minero. Ahí había una hermana que había dado su casa, o sea prestó su casa: ―Aquí reúnanse…‖. Pero como suele suceder ¿no?, los papás son cristianos y los hijos inconversos. Murió la hermana y los hijos dijeron: ―Bueno, desocupen, esta es nuestra casa…‖; y tuvieron que desocupar ese local de la plaza El Minero. Ahí había una Iglesia en la plaza El Minero. Y entonces, el Hno. Cornelio Ayaviri, que también está con el Señor, él dijo: ―Llevaremos a mi casa‖. Y Don Fortunato Coila por alguna razón dijo: ―No, mejor llevemos a la casa de Miguel Mamani‖, que también ya está con el Señor… Yo nomás ya falto… Entonces, el Hno. Cornelio dijo: ―¿Por qué el Coila no quiere siempre que vaya a mi casa? Yo voy a llevar a mi casa…‖. Se construyó sus bancos y, sí o sí, se llevó la iglesia a su casa. Pero Don Fortunato insistió: ―A la casa de Miguel…‖. No sé cuál serían los motivos, Don Fortunato nunca me lo dijo. Lo cierto es que de la plaza El Minero aparecieron dos iglesias: Una es la calle final Betanzos que existe ahora, y otra es la de la calle San Cristóbal. Bueno, el Hno. Miguel también dijo: ―Tengo que repartir el lote a mis hijos; hermanos, por favor…‖; y se los repartió. [Esta iglesia] un tiempito funcionó en alquiler ahí cerquita, no sé qué callecita era, poco tiempo. Y de ahí consiguieron un local en la calle Santelices. Ahí estaba como anciano el Hno. Mauricio Tapia, Erasmo… y no sé quiénes más había. Y era una buena obra; estaba nomás creciendo. Lamentablemente hubo ahí situaciones de pecado que pesan sobre toda obra. Pero como era en alquiler, finalmente lograron comprar un local y se trasladaron a la Cañada Strongest donde ahora es la Iglesia Hebrón. Así que salió de San Cristóbal a Santelices, Cañada Strongest, y ahora funciona allí una Iglesia del Señor. Esa es la manera en que la obra se ha expandido. Después, aquí había la obra incompleta: ―Estábamos orando por un misionero, por un misionero, por un misionero‖, y nunca llegaba el misionero. Hasta que finalmente llegó el Hno. Jorge Schulz. Llegó el Hno. Jorge Schulz, vino acá, vio la obra, estaba aquí… Le dijeron: ―Hermano, esto es lo que necesitamos, tac, tac, tac… Queremos que nuestros jóvenes sean formados para que puedan ser ministros de la Palabra‖. Le entregaron lo que consideraban las necesidades: ―Ah, bueno, estito vamos a hacer…‖. Pero el hermano iba al campo, al campo, al campo… Yo dije: ―Hermano, creo que hemos orado demasiado fuerte, hasta el campo te hemos mandado… para aquí hemos pedido, hermano, un misionero…‖. Y el hermano les dice: ―Hermanos, hay gente preparada aquí, ¿qué voy a hacer yo aquí? Habiendo gente con formación yo no veo necesidad de estar aquí‖. Y se fue de vacación al Canadá. Al volver, ya vino con el proyecto de abrir la obra en Génesis. El hermano pidió un grupo de hermanos entre las que estaban la Hna. Rita Díaz que ahora se reúne con nosotros otra vez, la Hna. Nelly Lizárraga que también se vuelve a reunir con nosotros, estaba la Hna. Ruth Villafán que ahora vive en Cochabamba, el Hno. David Gutiérrez… pidió un grupo de hermanos para abrir el testimonio en la Génesis. Y salieron. Se reunieron primero en la calle Bolívar ¿Fue Bolívar ¿no? [vuelve a preguntar a su esposa]. De ahí, la mamá del Hno. David Gutiérrez que era la dueña de la casa donde actualmente está la escuela, esa hermana falleció. Y los hijos dijeron: ―Bueno, si es para la obra, la vamos a venderla‖. Y vendieron a Génesis esa propiedad. De ahí surgió Génesis. Después tuvieron problemas aquí, de desentendimiento y acusaciones y contraacusaciones entre líderes. Y por unas situaciones así, medio de tensión y resentimiento, surgió la Sabaot. ―… no podemos aguantar más, nos vamos‖. Y se fueron a Sabaot. Y así surgió todo esto. Aquí tenemos que pensar una cosa: ¿Quién es el Juez de estas cosas? ¿Nosotros? No. Dios. ¿Se ha hecho bien? ¿Se ha hecho mal? No lo sabemos. Nuestra limitación no nos permite saber. Si estamos en pie, todos estos grupos, aunque no hayan salido de la mejor manera, son una expresión de la Gracia de Dios, nada más; pero en esa forma se ha expandido la Iglesia, la obra en Potosí; comenzando con la Iglesia que se reunía en la calle Junín, que ahora es la Chuquisaca. Hay muchas cosas para reflexionar a partir de esto: ¿Por qué hemos dejado de crecer? ¿Por qué hemos dejado de multiplicarnos? O sea, prácticamente las dos únicas iglesias hijas de aquí, habían sido la Litoral, y en un sentido, indirectamente o directamente la Hebrón y la Betanzos, que era resultado del trabajo del Dr. Hamilton. De la Litoral se ha reproducido con la Antioquía y, medio, medio, por ciertas diferencias con la Haití. Aunque han dicho que no, que de los problemas se han reconciliado. Yo conozco personas, que no voy a decir sus nombres, uno de ellos ya ha fallecido también. Entonces esa es la manera en que ha crecido; pero comenzaron con la convicción de un hombre que a fines de 1917 dijo: ―También Potosí necesita del Evangelio‖. Mi esposa y yo viajamos a Sucre por motivos de salud el día miércoles. La ida, saliendo de Potosí, llegando a la puerta del alojamiento en dos horas clavadas. ¿Pero tres días para a lomo de bestia? Había una convicción: Potosí necesita el Evangelio, Potosí también necesita el Evangelio. Esa convicción creo que está ausente en nosotros; ese compromiso con el Señor… Perdonen que hable de ―cosas‖, yo no sé cómo llamarlo. Yo tenía un amigo que era sastre. Bueno, estudiaba con la sastrería, trabajaba y se sustentaba. Estudiaba contabilidad en la noche. Y era muy bueno en lo que hacía, como sastre era pantalonero. Él iba al mercado a comprar tocuyo torcido para hacer los bolsillos. Yo me acuerdo pues de ese tocuyo torcido… Ahora voy a las tiendas, pido tocuyo torcido y me venden un cedazo por donde se puede ver el sol a cuadritos; o sea, de calidad no tiene nada. No hay comparación con esos artículos antiguos. Yo llego a una mina que era de COMIBOL, antes cuando era niño. Recuerdo que para proteger el mostrador de la pulpería lo forraban con un material que se llama linóleo. Cuando le traje a mi mamá, por aquella vez, mi hermana me dice: ―Comprá linóleo, se va a arruinar tu piso‖. Voy a comprar linóleo, increíble, era cinco veces más delgado que el que yo conocía en años. La calidad disminuyó terriblemente. Me parece que en la misma forma ha disminuido la calidad de los creyentes. No tenemos una mística que tenían aquellos hombres. No hay la consagración de nuestras vidas, la santidad en nuestras vidas, no hay el alimento espiritual de estudiar la Palabra de Dios. No es acusación hermanos, es reflexión de lo que pasa en nuestra realidad. Por eso no nos multiplicamos; porque no hay visión, no hay convicción, no hay contacto con el Señor. Y eso simplemente –¿cómo puedo decir?– puede estar significando que un buen número de nosotros, para no decir la mayoría –ojalá que no– no pasamos de ser simplemente religiosos, y no persuadidos como lo fue el apóstol Pablo, como lo fue el Dr. Jorge Hamilton, su hijo Percybal Hamilton. A no dudar al dar la vida por lo que es la causa cristiana. ¿Cuántos obreros han salido de aquí? ¿Misioneros? Estamos mal, hermanos. La calidad de los creyentes ha variado, se ha rebajado, se ha deteriorado ostensiblemente, ostensiblemente, en el pueblo en general; en el pueblo –entre comillas– ―evangélico‖. [Por ejemplo] el Cash Luna, de por sí no me caía el tipito… Alguno de sus videos en Youtube dice: ―Hermana enfrenta a Cash Luna‖. Pero qué clase de burlarse del apóstol Pedro para justificar a Simón el Mago. ¿Cómo es posible, si es que [la producción] es verdad? Un video que vi anunciaba a ―Una mujer que canta‖. En ésta decía: ―Dios, que tu Espíritu Santo… Gracias Dios‖ y no sé qué cosas más. Luego, intencionalmente ponen el video de la pieza preguntando: ―¿Parece bueno, verdad? porque sólo se escucha la voz… pero ahora vamos a ver el video completo‖. Y están en una –entre comillas– ―iglesia‖ donde hay mucha concurrencia. Están ahí parados como siempre y en un ritmo de salsa, qué sé yo de esas, o cumbia o música bailable y canta la misma canción. [La cantante] viste un blue-jean… no sé si tiene un cinturón por ahí bien estrafalario, lleva una chamarra medio corta por aquí [indicando la parte de la cintura], y debajo de ésta sólo tiene su sostén; y nadie la juzga por enseñar toda su anatomía. Finalmente el comentario dice: ―¿Por qué cualquiera que canta se va a llamar salmista?‖. Es que la calidad de los cristianos está muy deteriorada. Y sería una tragedia que no haya una reacción en nosotros. Somos… perdón hermanos que esté deslenguándome, pero somos unos sinvergüenzas. ¿Por qué? Con carita de piadosos carita de piadosos cantamos ―Escudriñemos nuestros caminos…‖. ¡Escudriñemos nuestros caminos!!! ¡Volvamos pues al Señor! A las sendas antiguas como estos siervos que han venido a entregarnos al Señor, no en carnalidad, no en mundanalidad. Bajo la autoridad del Espíritu Santo en sus vidas, bajo la Fe en el Señor, todos y cada uno de nosotros, y entonces podríamos multiplicarnos en otras iglesias. Así que hermanos, así comenzó la historia de la Iglesia en Potosí.

En contextos seculares e inconversos la necesidad de hacer historia casi siempre suele centrarse en el acto de contar, narrar, relatar, referir, incluso –elegantemente dicho– ―historiar‖, dando por sobreentendido que el propio hombre es el principal sujeto de la historia; pues ―el que no conoce su historia está condenado a repetir los mismos errores del pasado‖; o como diría el filósofo holandés Baruch Spinoza: ―Si no quieres repetir el pasado, estúdialo‖. Precisamente, este no es el caso del historiador cristiano –Testigo de la obra del Señor, mejor dicho–. El creyente salvo, hecho hijo de Dios, en modo alguno podría ser ajeno a la tarea historiadora a fin de testimoniar el protagonismo de Dios en la Historia, amén de que grandes tramos de las Santas Escrituras responden a este género, que a su vez fue confirmado por uno de los cronistas de la Nueva Alianza: ―Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido‖. (Lc. 1, 1-5) Ahora bien, dado que la primera parte de este ensayo no es más que la transcripción literal de algunos mensajes orales vertidos por el Hno. Mario Quiroga, aquí nos permitimos presentar una pequeña fuente de literalidad materializada en una carta personal de testimonio escrito por este gran siervo de Dios. De esta manera, para beneficiarnos de las bondades de esta otra fuente, a continuación nos permitimos presentar la transcripción literal de este importante documento que a la letra dice: «Breve Reseña de la Obra en Potosí 1970 – 1990 «Cuando llegué a Potosí por motivos de estudio en 1970, siendo un joven de 19 años no tenía una vida cristiana consolidada; aunque conocía el ambiente evangélico desde mi niñez. En Mayo de 1971, comencé a interesarme en asistir al Local evangélico de la calle Junín (a unos pasos de la esquina Bolívar). En ésa ocasión conocí como ancianos de la Iglesia, al hermano Dn. Fortunato Coila y Dn. Juan Barrera (ya con el Señor). Había una iglesia bien establecida con una asistencia aproximada de 60 personas. En agosto de ése mismo año, la Universidad cerró sus puertas; lo que determinó mi regreso al hogar paterno hasta Noviembre de 1972; fecha en la que volví a Potosí. Para ése entonces ya se encontraba en Potosí el Hno. Eduardo Wall, su esposa Shei y sus hijos Jerome, Patty y Vangie (éstas últimas mellizas). Eran canadienses. Aunque el hermano Eduardé Wall atendía los cursos Emmaus y procuraba el desarrollo del liderazgo local, hizo más por la obra, influyendo con su carácter cristiano cuyo rasgo principal era el amor. Fue el hermano Eduardo el impulsor de la compra del Local que actualmente ocupamos. En un viaje que hizo a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, atendiendo a su Sra. madre y a su hermana que lo visitaban, contrajo una enfermedad (fiebre amarilla) lo que causó su muerte. Así el hermano Eduardo Wall pasó a la presencia del Señor en Mayo de 1973. Su ministerio en Potosí fue brevísimo (Enero 1972 – Mayo 1973). Quedando viuda la hermana Sheila, retornó a su país con sus niños. Posteriormente llegó a ésta ciudad el hermano Cristóbal Spratt (escocés) y su esposa Margarita a fines de 1975 o principios de 1976. Durante su breve estadía, sufrió un atropello en el domicilio que ocupaba (Edificio Renovación Av. Serrudo). Un abogado acompañado de dos jóvenes al parecer bajo la influencia de las drogas, entraron violentamente a la casa intentando golpear al hermano. Debido a la salud de su Sra. esposa, tuvieron que alejarse de Potosí a principios de 1977. Para entonces ya era encomendado a la obra el hermano Jaime Cuba quien por sus constantes viajes especialmente a Camiri y Huacareta, no dejó ver una labor positiva en su iglesia encomendarte. Lamentablemente, surgieron problemas internos muy dolorosos y molestosos causados principalmente por caracteres personales no sometidos a la autoridad de Cristo; lo que determinó el retiro de su encomendación. El 4 de Diciembre de 1976, se estrenó el local de la calle Chuquisaca # 320 (ya de propiedad) al casarnos allí con mi esposa Goya Coila Rosso, quien es una hermana entregada al Señor. En ésa época (1975 – 1980) yo trabajaba en el Distrito de Tupiza del Servicio Nacional de Caminos; y mis visitas a Potosí y por ende a la Iglesia eran quincenales; lo cual no me permitía un ministerio sostenido. En junio de 1980 por la misma institución, fui transferido a Potosí, y desde entonces mi permanencia en ésta ciudad, fue definitiva. El mismo año (1980) fui reconocido como anciano de la Iglesia por la gracia de Dios se comenzó un ministerio con verdades básicas con miras a una campaña evangelística llevada a cabo en el Teatro Omiste (Teatro Municipal). Esta Campaña fue de mucha bendición; tal vez no tanto por los resultados en conversiones; sino porque sirvió para cohesionar a la Iglesia, avivar la comunión con el Señor y entre hermanos, despertar el espíritu de Servicio y ofrendas al Señor. Desde ése entonces y por más de 10 años, el Señor me concedió el privilegio y la responsabilidad de llevar adelante en forma casi ininterrumpida, un ministerio de enseñanza que permita a la Iglesia crecer y seguir adelante hacia la madurez; sin tener que hacernos dependientes de misioneros extranjeros; sino aceptando del Señor ésa voluntad suya; porque aunque pedíamos constantemente al Señor que nos enviara misioneros, éstos no llegaron, o su paso por Potosí fue breve. Luego llegó el hermano Jorge Schulz quien después de su arribo a Potosí, tuvo muy corto tiempo en la Iglesia de la Calle Chuquisaca debido a sus constantes viajes al área rural y a una vacación a su país. A su regreso después de un año, ya estaba directa y plenamente abocado a la apertura de otra iglesia (Génesis) que ahora funciona en la calle Bolívar. Todas las otras iglesias locales (Litoral, Calle Betanzos, Cañada Strongest, Hnos. Ortega) son iglesias hijas de la iglesia de la calle Chuquisaca como resultado directo en algunos casos e indirecto en otros, del ministerio del Dr. P.J.W. Hamilton. Génesis, es una iglesia hija de la Calle Chuquisaca como resultado del ministerio que el Señor me encomendó. Fue un grupo de hermanos y hermanas adoctrinados y edificados en la iglesia de la calle Chuquisaca, los que solicitó el hermano Jorge Schulz, para que lo apoyaran en la apertura de lo que ahora es «Génesis». El Señor les bendice, a Él sea la gloria. Ahora, y desde fuera digo que las personas pasamos, que el Señor es muy santísimo Soberano. Él ha levantado nuevos ancianos y la obra continúa hasta que Él venga otra vez. Gracias»

→ Potosí de antaño. Antes de 1917, como hemos leído en la reseña, la ciudad de Potosí fue visitada por el Hno. Roberto Rowdon que había distribuido folletos y tenido algunas reuniones al aire libre, aunque no se estableció ningún testimonio. → A fines de 1917, el Dr. Jorge Hamilton considera que es la voluntad de Dios que él se pueda trasladar aquí a Potosí, tomando en cuenta que el Hno. Roberto Rowdon y familia estaban estableciéndose en Sucre. → De modo que el Dr. Jorge Hamilton con toda su familia deciden trasladarse a Potosí, y llegan, dice, en una tarde de intensa nevada. Este es el Dr. George Hamilton, médico de profesión [señalando en la diapositiva], estos son sus hijos. No sé los otros cuales son… Creo que ella es la esposa, no estoy seguro… No sé si este es el Dr. Percybal Hamilton… [señalando otra vez] y éste de aquí, sería Norman. Pero él fue el que llegó a Potosí a fines de 1917, ya como médico para instalar su consultorio en la calle Chuquisaca. → Como hemos leído, corriendo ya el año 1918 repartieron un folleto que titulaba ―Qué Creen Los Evangélicos‖. Y este folleto fue prosperado por el Señor porque llegó a manos de dos operarios en Velarde, uno de ellos Don Demetrio Dávila. → En enero de 1921 se llevaron a cabo los primeros bautismos. Y esta ciudad finalmente llega a tener una Iglesia Cristiana Evangélica, un testimonio del Señor Jesús, una luz en medio de las tinieblas. → Él es el Dr. Percybal Hamilton [señala la diapositiva]. Creo que aquella foto es un poco más antigua, ésta, más reciente; su esposa Florencia [también señala]. Ellos no tuvieron hijos, pero ellos han sido los que han trabajado en esta obra por más tiempo que ningún otro misionero. Él ha ido a Pacasi, él ha ido a Tinguipaya, también ha visitado durante un tiempo Toropalca. → Aquí hay un grupo de hermanos. Aquí está el Dr. Hamilton; creo que este es el Dr. Kevin Brown, que era también médico, inglés. Este era Don Fortunato Coila, bastante joven, y este es Don Demetrio Dávila: este hermano ha sido convertido de verdad, por eso como se menciona el Dr. Hamilton ha sido inquilino de otro de los ancianos de aquí de Potosí, Don Juan Barrera, un hermano de mucha convicción, un buen testimonio de la gracia de Dios. → Luego siguieron, después que el Dr. Hamilton en 1962 llegó a Potosí, estuvieron unas semanas. Se llama Gordon Bisett y su esposa Betty con sus hijos. Ellos han llegado después que el Dr. Hamilton dejó Potosí. → Este hermano, Don Guillermo Cotton y su esposa Gladys con sus hijos. Ya ha fallecido y está en la presencia del Señor. Un excelente hermano, sabía muy bien el griego; su esposa Gladys y ella era su hija adoptiva, los tres son sus hijos: Andy y… ya no me acuerdo cómo era su nombre. Entonces, este hermano ha fundado la Iglesia en Oruro. Este hermano me ha contado cómo ha sido la división de la iglesia en Bolivia cuando llegó el ―exclusivismo‖. Él me ha contado a mí personalmente, y bueno, algún momento les compartiré. También me ha contado otras cosas más que seguramente ha contado a otros más, pero yo he tenido el privilegio de recibir de labios de él esa información. → Después está Don Eduardo Wall y su esposa Sheila. La característica de ellos es que su lenguaje era el amor. Este hermano me ha discipulado a mí. Gracias a la obra de este hermano, yo estoy acá, en la Iglesia. Pero en ningún momento ha dicho: ―Mario, a ver, la salvación, lección 2, lección 3, el bautismo, lección 4…‖. Nada de eso. Íbamos al local, y al final de la reunión me decía: —Mario, vamos a la casa. —Ah, ya, hermano… Íbamos a su casa y siempre había música cristiana suave en su living. Me invitaba un cafecito, un tecito y me hablaba. No me hablaba de doctrina; me hablaba de si estoy teniendo dificultades, cómo es mi familia, los gozos que él tenía… Nada formal pero todo amor cristiano. Doy gracias al Señor que puso en mi camino a este siervo y su esposa, no menos que él, una gran señora. La mamá de este hermano y su mamá llegaron de Canadá para visitarlos a ellos, eran canadienses. Y este hermano Eduardo dice: ―Ya que mi madre está en Bolivia, les llevaré para que conozcan Santa Cruz…‖. Y les llevó a Santa Cruz; la señora se quedó con los hijos aquí en Potosí. Y en ese viaje, el Hno. Eduardo contrajo fiebre amarilla y se puso mal aquí en Potosí. Y cuando el Hno. Jaime Cuba, que era gran amigo de él, gran médico –pero antiguo y viejito–, equivocan el diagnóstico y le detectan fiebre tifoidea, y le hacen tratamiento para fiebre tifoidea, pero era fiebre amarilla, mucho más fuerte y más letal. Y le visitamos en su casa, en su lecho de enfermedad. Y yo le digo: ―Hno. Eduardo, ¿cómo está?‖. Y estaba mal, sólo me dijo: ―Aquí estamos mal, hijo, esperando la voluntad del Señor…‖. Y esa noche murió. Está enterrado en el cementerio, yo tengo la llave de su nicho. Siervos de Dios, realmente útiles al Señor. Ah, un dato importante: Él ha sido el promotor para comprar este local. Él había dicho ―Hermanos, ustedes ponen un monto… si ponen dos mil, yo duplico el monto‖. De modo que si uno ponía 2.000, él ponía 4.000 para estimular a los hermanos. Y lo compramos gracias a su inquietud, al impulso, compramos este local. Y la señora Sheila después que falleció su esposo me dice: ―Mire, Mario, yo no veo mucha gente de la clase media en la iglesia. Tal vez necesitamos, por lo menos, hacer más presentable el local… Yo voy a dar algo… Yo le voy a poder a usted dar un sueldo; por lo menos le voy a mandar para su pensión…‖. Y me mandaba 25 dólares mensuales que para mí era un super sueldo esa vez. Y me quedé a trabajar en la primera refacción de este local. El local por lo menos ha tenido tres refacciones. La primera vez, pintamos con unas pinturas que se llaman ―ocres‖ que eran de pura tierra, ¿no? A las apuranzas pintamos en la noche con mi hermano Humberto; habíamos pintado de azul la pared, porque al día siguiente teníamos que casarnos con mi esposa… No había cepilladora de piso, pero lo lavamos y lo hemos lustrado con kerosene… y nuestras manos negras… Así que el local se estrenó con nuestro matrimonio; de ahí nunca más salió de acá. Se continuaron con las reuniones. Después por un tiempo se llevó el local a la calle Junín. Pero después hicimos otras refacciones, pero actualmente, de la puerta un poquito más, donde cambia el ancho de los revestimientos [señalando esa parte], hasta ahicito era el local. Después compramos esta parte [vuelve a señalar] y luego la ampliamos. La historia de cómo fue eso, es otra historia; en otro momento… pero esa es la historia de Don Eduardo y su esposa Sheila para la compra de este local. → Aquí está Don Fortunato Coila y su esposa Doña Sabina [señalando a los aludidos]. El Hno. Fortunato ha sido prácticamente junto con Don Juan Barrera, ha estado más tiempo sustentando o sosteniendo la obra acá, porque no había –por un buen tiempo–, no había ningún misionero; pero había sido bien enseñado por el doctor, una persona firme en doctrina. [El Hno. Fortunato] estaba muy cansadito, y él dijo: ―Debemos reconocer a nuestro Hermano Mario como Anciano‖. Creo que era 1980. Y los hermanos ya me reconocen como anciano, me entregan las llaves y Don Fortunato me dice: ―Ésta es la llave tal, tal, tal…‖. Y yo le dije: ―No voy a dejar que ustedes se retiren. Como dijo Salomón, ‗Yo no sé ni cómo entrar, ni cómo salir‘ (I Reyes 3, 7). A partir de ahora yo voy a aprender de ustedes…‖. Y de quien más aprendí fue precisamente de este hermano. Sencillo, pero a mí me resultó muy sabios sus consejos. Yo aprendí mucho, mucho de él.

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